Dejar de sentir que vivo,
viviendo sin sentir que siento,
respiro el silencio,
al tiempo,
que a polvo,
me torna el viento.
El alma, tras tres latidos,
sus alas entrega al cielo,
envueltas en mil suspiros,
tristezas, risas y ajenjo.
Y al fin de un momento el viento,
me dice que aún no es tiempo,
respiró y tras tres latidos,
ya siento que estoy viviendo...
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