
Había caminado no se cuantas cuadras, entre gente que híba de prisa, y gente que le detenía a cada paso para ofrecerte no se que tantas cosas.
De pronto se vió en un hermoso pasillo repleto de arbóles y con una pequeña fuente a lo lejos.
Su rostro se lleno, entonces, de vida y podría decirse que hasta sonreía.
Camino unos cuantos pasos hacia donde se en contraba una banca vacía, cerca de la fuente, y se sentó a contemplar como subía y caía el agua en una constante y hermosa forma.
-- ¿podrían las gotas aburrirse de semejante rutina?, ¿envidiaran algunas a aquella que se impregno en la piel de un niño?, ¿agradeceran otras el no haber caido al suelo y ser devoradas por implacable sol?-- se preguntaba inútilmente a sí mismo.
Su inócuo ánalisis se vió interrumpido por los gritos de unos niños que jugaban cerca de ahí. Sin pensarlo dos veces corrió a mirarles -- hacía mucho no veía jugar a un niño, y lo disfrutaba tanto como si fuese el mismo el jugador-- pero se desilusiono al ver que ya se estaban llendo con sus padres.
La Alameda estaba vacía, era lógico --sólo a el se le ocurría, miercoles por la mañana --.
Volvió a la banca donde estaba sentado, se recosto, cerro los ojos, y trato de adivinar según el canto de las aves -- aunque a decir verdad, el no tenía una jodida idea de ello--.
--Esa es golondrina, ó ¿será jilguero?...mmm.. no sé, seguro, seguro no es perico-- divagaba.
Así pasaban los minutos mientras su mente jugaba un juego que inventaba las reglas segun su voluntad, hasta que sintió que algo había caído del bolsillo de su pantalón.
Rápidamente se levanto y tomó las llaves que estaban en el suelo. Se sacudió las ropas, se paso las manos sobre el rostro --como tratando de arrancarse el sueño-- y al abrir los ojos....
...sintió que estaba muerto.
De pronto se vió en un hermoso pasillo repleto de arbóles y con una pequeña fuente a lo lejos.
Su rostro se lleno, entonces, de vida y podría decirse que hasta sonreía.
Camino unos cuantos pasos hacia donde se en contraba una banca vacía, cerca de la fuente, y se sentó a contemplar como subía y caía el agua en una constante y hermosa forma.
-- ¿podrían las gotas aburrirse de semejante rutina?, ¿envidiaran algunas a aquella que se impregno en la piel de un niño?, ¿agradeceran otras el no haber caido al suelo y ser devoradas por implacable sol?-- se preguntaba inútilmente a sí mismo.
Su inócuo ánalisis se vió interrumpido por los gritos de unos niños que jugaban cerca de ahí. Sin pensarlo dos veces corrió a mirarles -- hacía mucho no veía jugar a un niño, y lo disfrutaba tanto como si fuese el mismo el jugador-- pero se desilusiono al ver que ya se estaban llendo con sus padres.
La Alameda estaba vacía, era lógico --sólo a el se le ocurría, miercoles por la mañana --.
Volvió a la banca donde estaba sentado, se recosto, cerro los ojos, y trato de adivinar según el canto de las aves -- aunque a decir verdad, el no tenía una jodida idea de ello--.
--Esa es golondrina, ó ¿será jilguero?...mmm.. no sé, seguro, seguro no es perico-- divagaba.
Así pasaban los minutos mientras su mente jugaba un juego que inventaba las reglas segun su voluntad, hasta que sintió que algo había caído del bolsillo de su pantalón.
Rápidamente se levanto y tomó las llaves que estaban en el suelo. Se sacudió las ropas, se paso las manos sobre el rostro --como tratando de arrancarse el sueño-- y al abrir los ojos....
...sintió que estaba muerto.
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